sábado, 14 de abril de 2012

Ni la paz ni la palabra.


Un rey caza y  se rompe la cadera en este abril roto;

Mientras aplauden las crónicas devaneos en rosa,

Y se torna la lluvia agria en los cartones donde nunca caminan

Salvo las pisadas pobres que no salen en los periódicos.



Pero usted no diga nada, nunca diga nada, amordace

El desaliento de este gris indiferente a las mantas

Que no arropan al rumano que pide en su esquina

Esquinero de la miseria y el olvido bajo el agua.



Escriba sobre Perú, sobre Bolivia, sobre Somalia;

Los réditos de la compasión a distancia tienen dividendos;

Nunca nos comprometen salvo a terminar bien el poema;

Mientras un rey se divierte y el rumano se arrebuja.



El sábado así podrá deslizarse en paz con su conciencia;

Sin mirar al lado ni una sola vez; decentemente situado

En la neutralidad del poema comprometido con el abstracto;

Mientras se tapa la boca para no vomitar el mal olor

Que hay en su propia calle; como una huella indeleble.




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